I
Comencé este proyecto con una idea: explorar la posibilidad del cultivo en interiores como práctica fotográfica expandida, a partir de lo equiparable con la cámara oscura, el uso de la luz y su fijación, la imagen-movimiento, el encuadre, así como la referencia al género del paisaje.A diferencia de cualquier otra planta de interior que se vuelve compañera en un habitar, aquellas que se piensan como cultivo de interior están sujetas a una disposición y procuración, que implica una separación del resto de plantas, a la vez que una cercanía con quien cuida de ellas, para obtener un beneficio mutuo a partir de una relación de cuidado. En este sentido, más allá de la provocación que podría resultar en nombrar una práctica de cultivo dentro de las fotográficas, me interesan los aportes que pueden darse entre ambas.Antes pensé en una práctica fotográfica expandida, pero esta también se contrae, incluso se sobrepone, ose le sobreponen. Y ese momento donde delimita con otro campo, es siempre el lado interior y exterior al mismo tiempo, de sí misma y del otro campo, es una línea que se desplaza con el espectador como la línea de horizonte, que nunca es fija y sólo nos es útil acudir a ella cuando queremos cierta estabilidad. Pero la estabilidad sólo debe ser un recurso y nunca el fin.Lo que se presenta como un conjunto de imágenes fotográficas son imágenes que serán breves y que su propia naturaleza escapa de la posibilidad del archivo, por lo que invitan a otro tipo de acercamiento del que solemos tener con las prácticas fotográficas. Lo que cargan consigo en tanto cultivo de interior,permite tener una relación más íntima, una relación de cuidado con la imagen, porque esta depende de la procuración de quien la dispone, así como de quien acude a ella.Sin duda todos tenemos una relación afectiva con alguna imagen fotográfica que nos es importante, pero si hay una provocación en el conjunto de imágenes que propongo, es quizá exceder esa relación afectiva que se puede tener a una imagen fotográfica.
II
Hablar de paisaje ha estado históricamente relacionado con el mundo más-que-humano (para evitar el término naturaleza), con una producción de imágenes mostrando montañas imponentes, bellos campos de lavanda, amplios sembradíos de agave azul, cerezos floreciendo, etc.. Es decir, históricamente han servido para mostrar al mundo más-que-humano como un espacio de identidad nacional o regional, como una invitación al turismo, un símbolo de orgullo y poder, como espacios y territorios que tiene alguna cualidad que merece nuestra atención. Claro está, también se habla del paisaje urbano, que suele estar destinado ala atención de la arquitectura, a las grandes proezas de la infraestructura citadina, o por el contrario, una exotización de los barrios marginados, de la periferia.Pero el paisaje no se limita a lo anterior, aún más, cuando hablamos de paisaje, no hablamos de esos territorios más-que-humanos, o antropocéntricos, sino que se excede al territorio, tanto geográfico como político. Es más bien un paréntesis en la realidad, una experiencia paisajística que es siempre subjetiva cuando acontece y que la forma más primaria de experimentar, es el caminar, el vagabundeo, la deriva.Y es a partir de ese vagabundeo por la colonia Del Fresno que se proponen 3 paisajes. A la vez, un cuarto paisaje proviene de otra experiencia ligada a la historia de la colonia como lugar de huertas donde se asentaron familias de ferrocarrileros.En mi caminar por la colonia, tenía la vista puesta en plantas consideradas malezas, esas no deseadas, de pronto consideradas plagas, desatendidas, sin ningún valor simbólico aparente que nos haga voltear a verlas, pero que fueron formando mi experiencia paisajística en la colonia.No pretendo proponer las imágenes aquí presentes como una identidad del Fresno, sino como una experiencia paisajística de tantas que permite la zona. Sin duda, hay agencia en estos paisajes-siempre la hay más allá de la contemplación-, en prestar atención a una parte del mundo más-quehumano con el que no solemos convivir. Y es en ello la disposición del cultivo en interior de las plantas que componen las escenas, porque si bien pueden continuar sin mi intervención, o la de cualquiera, lo que permite el cultivo en interiores es ganar un espacio en suelo del Antropoceno y nos invita a situarnos en una relación con aquello de lo que solemos tomar distancia.