El mundo ha partido

Invernadero de madera con sistema de riego, microcontrolador, luz de cultivo y plantas de pensamiento

81 x 77 x 178 cm

2022

 

El mundo ha partido es un invernadero diseñado para mantener con vida una planta de Pensamiento (Viola × wittrockiana) mediante un sistema que combina cultivo, telefonía móvil y automatización. La pieza fue desarrollada durante la Residencia Tajo-Saenger en 2022 y forma parte de una investigación alrededor de las relaciones entre plantas, tecnología y formas de cuidado.

 

En el interior de la estructura se encuentra un sistema diseñado con un microcontrolador Arduino y un módulo de telefonía móvil Adafruit FONA. Este sistema permite a través de un número telefónico asociado a la obra, que el público pueda enviar mensajes SMS destinados a la planta. El sistema recibe estos mensajes y, mediante distintos componentes automatizados, el espectador participa en el mantenimiento de las condiciones de vida de un grupo de plantas de pensamiento. Al escribir para las plantas, el espectador participa en el sistema que monitorea las condiciones y las necesidades del cultivo de plantas de pensamiento, a la vez que activa una lámpara de crecimiento y un sistema de riego cada que es necesario. 

 

De esta manera, el mensaje de texto deja de ser únicamente una forma de comunicación al servicio de lxs humanxs y se convierte en una acción que tiene consecuencias materiales sobre otro conjunto de organismos vivos. La comunicación adquiere aquí una dimensión distinta, donde escribir es también atender, recordar, activar un sistema y participar en el cuidado de algo que no responde mediante el mismo lenguaje.

 

La obra propone así una situación deliberadamente ambigua. No sabemos si la planta puede recibir el mensaje en el sentido en que lo recibe una persona, ni si existe realmente una conversación. Sin embargo, el envío de cada SMS produce una acción concreta dentro del invernadero. La comunicación no se verifica a través de una respuesta, sino mediante una cadena de acontecimientos: alguien escribe, el sistema recibe, los dispositivos se activan y un pensamiento se mantiene vivo. 

 

El título, El mundo ha partido, proviene del verso de Paul Celan “El mundo ha partido, yo debo cargarte”, retomado y pensado por Jacques Derrida en ¿Cómo no temblar?. En la obra, esta frase adquiere una dimensión material donde una planta (o conjunto de plantas) es retirada de las condiciones en las que crecía y trasladada a un invernadero, donde su permanencia depende de una serie de cuidados deliberados. Al desprenderla de su hábitat, se desprende también, de alguna manera, un mundo. Pero ese desprendimiento produce una responsabilidad que es cargarla, sostenerla, procurar las condiciones para que continúe viviendo. El invernadero aparece así como un espacio de separación y, simultáneamente, como un intento de reconstruir las condiciones de un mundo para otro ser.

 

En este sentido, cuidar no significa restituir aquello que se ha perdido, sino asumir la tarea de sostener una vida después de su desplazamiento. La obra se sitúa precisamente en ese intervalo entre un mundo que ha partido y otro que, mediante pequeños actos de atención, intenta volver a hacerse habitable. El invernadero funciona, finalmente, como un pequeño territorio de interdependencias, un espacio donde una planta, una máquina y un grupo de personas quedan vinculados a través de acciones mínimas y repetidas. En lugar de ofrecer una imagen de la naturaleza, la obra propone experimentar una relación con ella.